lunes, 26 de octubre de 2009

Sigo aquí.

Volví. Anduve vagando noche tras noche en los bares más lúgubres de la gran ciudad,intentando olvidarlo todo.Bebí y lloré,lloré y bebí. Hubo momentos en los que dejaron de caer lágrimas para caer gotas y gotas de alcohol. Es cierto, la gente me observaba con recelo. Se pensaban que en cualquier momento me haría con un cuchillo y...acabaría con todo. Faltó poco. Faltó la determinación final, el último paso, el último movimiento...Pero de repente, cuando creía que verdaderamente no tenía nada que perder, me abarcó esa sensación de que las cosas no podían acabar ahí, que aún me quedaba mucho por hacer. A partir de ese momento me despejé y empecé de cero. Me hice con un arma más poderosa que cualquier cuchillo, pistola o puño: un lápiz. Comencé a relatar la vida tal y como la veía, como algo trasparente, frágil, difícil y única. Hoy, un año después, aunque intente convencerme y convenceros de que sigo siendo el mismo, la realidad es bien distinta: cambié. Deje de ser el que era para buscar otros límites, nuevos horizontes, nuevos sueños. Todavía no soy consciente de todo lo que soy capaz de realizar hoy por hoy, pero buscaré en cada rincón, en cada calle, en cada momento mis virtudes y la respuesta a todos los problemas que me plantee la vida.

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